Yo sí tengo nombre.

Desde pequeños vemos personas viviendo en la calle. Según vamos creciendo se diluyen en nuestra mirada y pasan a ser parte del mobiliario urbano. Pocas veces aparecen en los medios de comunicación, como mucho,  para engrosar alguna noticia poco agradable o alguna necrológica.

Y de repente, sin casi darte cuenta, pasas a ser uno de ellos. Dejas de ser persona y pasas a ser “pobre”,  “mendigo”, “indigente”, “sin techo”. Ya no tienes nombre, sólo eres un número en un expediente de algún Servicio Social. La crisis ha acabado con tus sueños y te ves, como los caracoles, con la casa a cuestas.

Sientes que los Agentes Sociales y la sociedad en general te da la espalda. Las prioridades son el rescate de los bancos o maquillar la situación creando puestos de trabajo en condiciones precarias. A veces te parece que no es verdad, que es una pesadilla de la que vas a despertar pronto. Pero no, ahí está día tras día.

Quizás llegue un momento en que toda la sociedad se implique en esta lucha en la que la prioridad sean las personas. Mientras tanto tú sigues luchando y revindicando que sí tienes un nombre.