Por qué añadí la etiqueta «prejuicios»

Voy a contaros algo que me pasó hace escasamente un mes. Justo cuando acabábamos de empezar el curso del blog. Eran las ocho y cuarto de la tarde y yo estaba sentada en un banco leyendo y esperando que dieran las ocho y media para entrar a cenar. Dos señoras de mediana edad se sentaron a mi lado y vieron que ya había algunas personas en la puerta esperando. Entonces una de ellas dijo: «desde luego es una vergüenza que tengamos que aguantar esto».  La otra le contestó: «yo creo que deberíamos hablar con el señor obispo y que se lo lleven a otra parte». Yo les miré y sonreí, lo que hizo que una de ellas se envalentonara y dijera: «es que ya está bien. Con lo que nos costaron los pisos y ahora no valen nada. Y los robos que está habiendo en la zona.  Anda, que ser de Donostia de toda la vida y no poder hacer nada». Pensé en contestarles pero en ese momento dieron las campanadas de las ocho y media. Cerré el libro, me levanté, les volví a sonreir y dije: «gabon. Ni Aterpeara noa afaltzera. Ya ven, algunos de los que ahí estamos también somos de Donosti de toda la vida».